La comparación constante con otros opositores

08.06.2026

Es difícil encontrar a un opositor que no se haya comparado alguna vez con otras personas.

De hecho, probablemente sea una de las situaciones más habituales durante una oposición.

A veces ocurre al hablar con otros opositores. Otras veces al ver lo que hacen antiguos compañeros de la universidad. Y muchas veces basta una simple conversación para que aparezca la sensación de que los demás avanzan más rápido que nosotros.

A veces parece que todo el mundo tiene las cosas mucho más claras que nosotros.

Que los demás avanzan más deprisa.

Que llevan más temas.

O que saben exactamente lo que quieren hacer.

Y, sin embargo, la realidad suele ser bastante distinta.

Lo que ocurre es que normalmente conocemos muy bien nuestras propias dudas, nuestros momentos de cansancio y nuestras inseguridades. Pero solo vemos una pequeña parte de la vida de los demás.

Por eso resulta tan fácil pensar que uno se está quedando atrás.

Esta sensación aparece con frecuencia al comenzar una oposición. Especialmente cuando hay compañeros que empezaron antes, cuando algunos ya llevan varios años estudiando o cuando uno siente que todavía está intentando encontrar su ritmo.

Pero una oposición no es una carrera en la que todos salen desde la misma línea de salida.

Cada persona llega con circunstancias distintas, experiencias diferentes y tiempos propios.

Compararse constantemente suele generar más frustración que motivación.

Porque siempre habrá alguien que haya empezado antes, que lleve más temas o que parezca avanzar más deprisa.

La cuestión es que una oposición no se aprueba comparándose con otros.

Se aprueba siendo capaz de mantener un trabajo constante durante mucho tiempo.

Y eso es algo que no suele apreciarse en una conversación de cinco minutos ni en lo que vemos desde fuera.

Con el tiempo, muchos opositores descubren que avanzar despacio pero de forma estable suele ser mucho más importante que intentar seguir el ritmo de los demás.

Por eso, cuando aparece la sensación de que todo el mundo va por delante, conviene recordar algo.

Cada persona tiene sus circunstancias y cada oposición tiene su propio ritmo.

Compararse es fácil. Lo difícil es mantener el foco en el propio camino.

Y, muchas veces, eso es lo que acaba marcando la diferencia.

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