El primer cante de judicatura: qué esperar cuando empiezas a preparar la oposición
Hay un momento en la preparación de judicaturas que suele generar bastante nerviosismo, sobre todo cuando estás empezando.
Es el primer cante.
Hasta ese momento has estudiado el tema en casa, lo has leído varias veces, has intentado memorizarlo y seguramente tienes la sensación de que ya lo conoces bastante bien.
Pero llega el momento de sentarte delante del preparador y explicarlo en voz alta, sin tener el tema delante.
Y entonces aparecen las dudas.
¿Me acordaré de todo?
¿Me quedaré en blanco?
¿Hablaré demasiado rápido?
¿Seré capaz de terminar el tema?
¿Y si lo hago mal?
La realidad es que el primer cante no tiene que salir perfecto.
De hecho, sería bastante extraño que así fuera.
¿Qué es exactamente un cante?
En la preparación de judicaturas, llamamos cante a la exposición oral de un tema ante el preparador.
Pero cantar un tema no consiste simplemente en repetir de memoria lo que has estudiado.
Hay que ser capaz de ordenar lo que sabes, expresarlo con claridad y mantener una exposición durante un tiempo determinado.
Por eso la preparación oral empieza mucho antes de llegar al examen.
El cante permite ir adquiriendo poco a poco una habilidad que al principio es completamente nueva para muchos opositores: hablar de Derecho durante un periodo prolongado sin consultar el texto y manteniendo el hilo de la exposición.
Y esa habilidad se aprende con la práctica.
El primer cante suele ser diferente de lo que imaginabas
Cuando estudias un tema en casa puedes tener la sensación de que te lo sabes perfectamente.
Sin embargo, una cosa es reconocer el contenido cuando lo estás leyendo y otra muy distinta ser capaz de recuperarlo y explicarlo sin tener el texto delante.
Cuando llega el primer cante aparecen además otros factores.
Los nervios.
La sensación de que alguien te está escuchando.
El miedo a equivocarte.
La necesidad de mantener un orden.
Y, sobre todo, la obligación de continuar aunque en algún momento no recuerdes exactamente qué viene después.
Por eso es bastante habitual que el primer cante no se parezca demasiado a lo que habías imaginado.
Puedes hablar demasiado deprisa.
Puedes detenerte demasiado.
Puedes olvidar un epígrafe que en casa conocías perfectamente.
Puedes perder el hilo durante unos segundos.
Incluso puedes terminar pensando que lo has hecho mucho peor de lo que esperabas.
Todo eso puede formar parte de un primer cante normal.
No tienes que sabértelo perfecto para empezar a cantar
Esta es una de las cosas que más cuesta entender al principio.
Es fácil pensar:
"Cuando me sepa perfectamente el tema, empezaré a cantarlo."
Pero el problema es que cantar también forma parte del aprendizaje.
Cuando empiezas a exponer descubres cosas que no siempre aparecen durante el estudio.
Tal vez recuerdas el contenido pero no sabes cómo enlazar dos epígrafes.
Tal vez conoces una parte muy bien y otra todavía necesita trabajo.
Tal vez sabes perfectamente lo que quieres explicar, pero al hablar te cuesta encontrar las palabras.
Por eso no hay que esperar a que todo sea perfecto para empezar a practicar la exposición.
Con cada cante se va aprendiendo a estructurar mejor el tema, a mantener el hilo y a expresarlo de una manera más natural.
Los nervios del primer cante son normales
El primer cante puede imponer bastante.
Estás haciendo algo que hasta entonces probablemente no habías hecho nunca y es lógico que genere cierta tensión.
Además, cuando estudias solo puedes parar en cualquier momento.
Puedes volver atrás.
Puedes consultar el tema.
Puedes releer una frase.
En un cante tienes que continuar.
Si te equivocas, tienes que intentar recuperar el hilo y seguir adelante.
Precisamente por eso una de las primeras cosas que se aprende con la práctica es a no bloquearse ante un pequeño error.
Quizá no recuerdes una palabra.
Quizá tengas una pequeña laguna.
Quizá expliques una parte peor de lo que querías.
No significa que no estés preparado para la oposición.
Significa que estás empezando a aprender a exponer.
El tiempo también se aprende
Otra dificultad habitual al principio es controlar el tiempo.
Puede ocurrir que un tema que parecía relativamente corto cuando lo estudiabas se haga mucho más largo al cantarlo.
También puede suceder lo contrario: que termines demasiado pronto porque has pasado demasiado rápido por algunos apartados.
Aprender a distribuir el tiempo forma parte de la preparación.
Al principio puedes necesitar mirar el reloj constantemente.
Con el tiempo empiezas a tener una referencia mucho más clara de cuánto debes dedicar a cada parte del tema.
Y eso permite que la exposición sea más ordenada y que no llegues al final con la sensación de que has tenido que correr.
¿Qué hace el preparador durante un cante?
El preparador no está simplemente para comprobar si el opositor recuerda el tema.
También tiene que observar cómo está exponiéndolo.
Puede detectar que vas demasiado rápido, que estás dedicando demasiado tiempo a una parte concreta, que algún epígrafe queda demasiado corto o que necesitas mejorar la forma de enlazar unas ideas con otras.
También puede señalar errores de contenido o aspectos que todavía no están suficientemente claros.
Pero hay algo especialmente importante cuando alguien está empezando: no se puede exigir al primer cante lo mismo que a una persona que lleva meses o años preparando.
El objetivo es que el opositor vaya mejorando.
Primero se trabaja una cosa.
Después otra.
Y poco a poco la exposición va ganando seguridad, orden y precisión.
¿Qué errores son frecuentes al principio?
Hay muchos y no todos tienen la misma importancia.
Uno de los más habituales es hablar demasiado rápido.
También es frecuente intentar decir absolutamente todo lo que se sabe y dedicar demasiado tiempo a determinados apartados.
A veces ocurre lo contrario: por miedo a olvidar algo, se intenta memorizar cada frase exactamente igual y la exposición termina resultando demasiado rígida.
También puede suceder que el opositor se quede momentáneamente en blanco.
Lo importante es aprender a distinguir entre un error que forma parte del aprendizaje y un problema que hay que corregir.
No todos los errores tienen la misma importancia y no todos necesitan la misma respuesta.
Cantar también ayuda a estudiar mejor
El cante no sirve únicamente para practicar la exposición oral.
También ayuda a comprobar si realmente se domina el tema.
Hay una diferencia entre pensar:
"Esto me lo sé."
y comprobar que puedes explicarlo en voz alta sin consultar el texto.
Cuando intentas cantar aparecen rápidamente las partes que todavía no están suficientemente asentadas.
Quizá recuerdas perfectamente una institución, pero no sabes cómo relacionarla con el epígrafe anterior.
Quizá conoces los conceptos principales, pero has olvidado una excepción.
Quizá sabes el contenido, pero todavía no has conseguido darle una estructura clara.
El cante permite detectar esas dificultades y trabajar sobre ellas.
Por eso estudiar y cantar no son dos partes completamente separadas de la preparación. Se complementan.
El primer cante no define cómo será tu oposición
Esto es probablemente lo más importante.
Un mal primer cante no significa que vayas a ser un mal opositor.
Y un primer cante muy bueno tampoco significa que todo vaya a ser fácil después.
La preparación es demasiado larga para que un día concreto pueda definirla.
Habrá cantes buenos y otros que no salgan tan bien.
Habrá temas que recordarás con facilidad y otros que te costarán mucho más.
Habrá días en los que terminarás muy satisfecho y otros en los que pensarás que no has avanzado nada.
Lo importante es observar la evolución.
Que después de unas semanas seas capaz de hacer cosas que al principio no podías hacer.
Que controles mejor el tiempo.
Que cometas menos errores.
Que necesites menos esfuerzo para mantener el hilo.
Que tengas más seguridad.
Ahí es donde realmente empieza a verse el resultado de la preparación.
Cada opositor necesita su propio ritmo
También es importante no compararse constantemente con otros opositores.
Puede que conozcas a alguien que empezó a cantar muy pronto.
O a otra persona que parece recordar los temas con una facilidad enorme.
Eso no significa que tengas que avanzar exactamente al mismo ritmo.
Cada opositor parte de una situación diferente y necesita un tiempo distinto para adquirir seguridad.
La preparación debe tener en cuenta esa evolución.
Al principio puede ser necesario trabajar mucho la estructura del tema y la capacidad para mantener el hilo.
Más adelante, el trabajo puede centrarse en la precisión, el ritmo, el tiempo o la calidad de la exposición.
La oposición es la misma para todos, pero la forma de llegar preparado no tiene por qué ser idéntica.
Del primer cante a la seguridad
Quizá después de tu primer cante tengas la sensación de que nunca vas a conseguir hacerlo con naturalidad.
Es comprensible.
Pero el cante es una habilidad que se entrena.
Con la práctica aprendes a empezar un tema sin dudar tanto.
Aprendes a mantener el ritmo.
Aprendes a controlar el tiempo.
Aprendes a recuperar una pequeña laguna sin bloquearte.
Aprendes a continuar después de un error.
Y, poco a poco, empiezas a confiar más en el trabajo que has hecho.
No ocurre de un día para otro.
Pero cada cante aporta algo al siguiente.
En definitiva: el primer cante es solo el principio
Si estás empezando a preparar judicaturas y tienes tu primer cante cerca, es normal que estés nervioso.
Probablemente no salga perfecto.
Puede que incluso termines pensando que lo has hecho peor de lo que esperabas.
No pasa nada.
El primer cante no está para demostrar que ya sabes cantar. Está para empezar a aprender a hacerlo.
La oposición exige mucho trabajo y constancia, pero también permite ir construyendo poco a poco una forma de estudiar y de exponer que al principio todavía no tienes.
Lo importante es trabajar, escuchar las correcciones y volver a intentarlo.
Un cante después de otro.
Un tema después de otro.
Y una semana después de otra.
Ahí empieza realmente la preparación.
Preparadora de judicaturas – Fiscal en activo
Soy Dunia Sanz, fiscal en activo y preparadora de oposiciones a jueces y fiscales, con más de 30 años de experiencia en el ámbito jurídico.
Mi preparación es individualizada y adaptada al punto de partida y a la evolución de cada opositor, con planificación del estudio, preparación de los temas, práctica de la exposición oral y seguimiento continuo.
Si estás pensando en empezar a preparar judicaturas y quieres conocer cómo se organiza la preparación desde las primeras semanas, puedes contactar conmigo para una primera entrevista y hablamos de tu situación.